viernes, 5 de enero de 2007

LIMA Y PIZARRA - Según el maestro Rolando Arellano


Rolando Arellano accedió a tomarse fotos con el fondo de la Vía Expresa, el símbolo vial (y umbilical) por excelencia de una gris y desordenada Lima que hoy elige a sus nuevas autoridades municipales.
En esta entrevista, el reconocido especialista en marketing y en identificación de los nuevos públicos, deja en evidencia a la ciudad y a los limeños.

No vale picarse.Por Enrique Patriau.

–¿Qué tipo de ciudad heredará el próximo alcalde?
Me parece que Lima está volviéndose cada vez más limeña. Durante los últimos 30 años creció gracias a los provincianos y ahora solamente el 12 por ciento de sus habitantes son limeños de tercera generación. El resto son nietos de provincianos, hijos de provincianos o provincianos netos. En ese sentido, hablamos de una ciudad provinciana, mestiza, pero con una identidad propia, en la cual todos se han ido integrando.
–¿Y los limeños sienten como suya a Lima?
Regionalmente. Quienes viven en Lima norte se identifican con su zona. Muchos ni salen de ahí. En Lima sur, con Villa El Salvador, también se aprecia un fenómeno similar. No ocurre lo mismo con Lima este, donde está San Juan de Lurigancho, ni con la parte de la Carretera Central.
–¿Esta falta de identificación por la ciudad en su conjunto podría explicar la apatía general que se sintió durante la campaña electoral municipal?
Es que Lima se encuentra todavía en proceso de formación. No existe un concepto de ciudad. Eso era antes de la aparición de los llamados conos. Somos 8 millones, pero en la zona más tradicional apenas viven 3 millones. Existe apatía respecto a Lima, pero tiene que ver más con la estructura de la población. Acá viven muchos migrantes con un estilo de vida progresista, que buscan cambios, que persiguen avanzar a toda costa.
–Son individualistas....
Exacto. No les interesa tanto el grupo, el conjunto. Ellos avanzan, y si en el camino tienen que empujar a alguien, pues lo hacen. Tiene algo de cultura combi, ¿no es cierto?
"Yo tiro para adelante porque debo recoger a mis pasajeros, y si alguien muere en el camino, ese es su problema". Al no existir una identificación grupal lo suficientemente fuerte, el interés por los temas comunes disminuye.
–Ahí están las elecciones.
Son un caso clásico. Por otro lado, el desprestigio de los políticos también ha contribuido a que el proceso no sea seguido con mucho interés. A eso súmale que no ha habido un enfrentamiento de tendencias claras. En la campaña municipal anterior existían dos frentes: el limeño y mazamorrero, es decir Alberto Andrade, y el candidato de origen chiclayano, Luis Castañeda. Ello planteaba una competencia fuerte entre el capitalino tradicional y el provinciano. ¿Y ahora?
–¿Cuál es el tipo de relación que establecen los limeños con sus autoridades?
Lima, Huancayo, Arequipa, entre otras ciudades, han concentrado a muchos migrantes progresistas, a quienes no les importa mucho la autoridad. Les interesa que les dejen la cancha libre para trabajar. En las urbes más pequeñas, a donde no han llegado los migrantes, se busca, en cambio, a un dirigente protector, se establece una relación paternalista con el poder.
–A los limeños se les ha hecho costumbre progresar al margen de sus autoridades.
Mirémoslo así: de los ocho millones de limeños, cinco millones solamente han visto progreso. Claro, si vives en Miraflores y antes tenías un buen puesto en alguna trasnacional, puedes acusar un retroceso. Pero imagínate viviendo en Los Olivos, por ejemplo. Viste a tu abuelo en un cerro, en una choza de esteras. A tu padre, en una casita de ladrillos. Y ahora, tú, la tercera generación, vives en una casa de material noble y estudias ingeniería en la UNI. ¿Y qué es eso? Progreso, a pesar de lo que hicieron o dejaron de hacer los alcaldes. ¿Y ahora van a esperar a que alguien haga algo por ellos? Ni hablar. Por eso, al final, la apatía. "¿Alcalde? ¿De qué me sirve un alcalde? Si yo lo he hecho todo contra la opinión del establishment...".
–Y contra la indiferencia...
En buena cuenta, Lima les es extraña. No es de ellos. Además, todos somos desconocidos, completamente anónimos. Se necesitan crear lazos. El alcalde fundamentalmente debe empeñarse en ello porque, de lo contrario, no tendremos ciudad. A Lima principalmente se le toma por un dormitorio. Para que nazca un concepto de comunidad se necesita de un guía.
–¿Cómo crear esos lazos?
Lima creció tan desordenada que no tiene plazas de armas. Miremos Lima norte: ¿cuál es la plaza de armas de Comas? ¿De Los Olivos? No existen. Más bien, Mega Plaza se ha convertido en el centro de reunión por excelencia. Hace muchos años el punto de los nuevos limeños era el Parque de las Leyendas. En la ciudad se necesitan lugares de encuentro.
–Y mejorar el transporte...
Esa es otra forma de unir a los limeños. Si tienes un buen sistema de transporte público, favoreces a la integración. De paso, tampoco se ha hecho un trabajo eficiente a nivel de actitud. Cosas tan simples como campañas que incentiven el amor por la ciudad. Fíjate, no hay héroes limeños, no se ha pensado en premiar a los buenos ciudadanos. Nadie ha tocado esos temas, tan importantes para crear una identidad. Somos la capital de uno de los países más atractivos turísticamente, pero no tenemos ningún atractivo turístico.
–¿Qué es Lima?
Para muchos, un mal necesario: la necesitan porque tienen que vivir en algún lado. Y en los últimos años se ha ido convirtiendo en la ciudad más fea del país, aunque existe potencial para revertir esa situación. Estoy seguro.
CRECIERON "LOS PROGRESISTAS
–¿Todavía existen limeños que se sienten invadidos?
Cada vez menos. Son gente mayor, que no pudo adaptarse a los cambios. Quizás los podemos encontrar en los barrios más tradicionales, como San Isidro, el distrito que probablemente cuenta con el promedio de edad más alto. ¿Has leído Asterix? San Isidro es como el pequeño pueblecito galo que rechaza la invasión romana.
–¿Miraflores?
No, Miraflores es una mezcla. Larcomar jala gente de toda Lima.
–Por eso el clima de campaña se notó más en los distritos...
Sí, porque en algunos de ellos existe un alto sentido de pertenencia a una comunidad. San Borja, siendo un distrito nuevo, presenta uniformidad entre sus vecinos. En otros, no ocurre. Por ejemplo, La Victoria es antigua, pero hay mucha mezcla y eso no favorece la participación vecinal. En Jesús María y en Lince también ha ido desapareciendo ese sentimiento de grupo. Y ni hablar del Cercado.
–Usted identificó nueve tipologías entre los peruanos. Ahora son seis. ¿Por qué?
Pasa que con el tiempo varían, se unifican. Antes los emprendedores eran apenas el 2 y medio por ciento, ahora son mucho más. Los afortunados, los yuppies (los jóvenes urbanos profesionales), también aumentaron. En cambio, disminuyó el porcentaje de madres conservadoras, las que se quedan en la casa cuidando a los hijos. En resumen, los grupos que más crecieron son los progresistas y las modernas, mujeres de carácter pujante y trabajador. Desde el punto de vista de estilos de vida, se percibe un cambio importante.
[Tomado del Suplemento DOMINGO de La República.]